lunes, 13 de diciembre de 2010

La escuela que aprende

"Enseñar es una forma de ganarse la vida, pero sobre todo es una forma de ganar la vida de los otros".
La sociedad encomienda a la escuela una doble tarea de naturaleza paradójica. Por una parte, debe educar para las valores (libertad, paz, justicia, solidaridad, igualdad, respeto…) y, por otra, debe preparar para la vida. Pero la vida tiene componentes inquietantes de opresión, belicismo, injusticia, insolidaridad, desigualdad y falta de respeto a la dignidad de los seres humanos. Una persona que pretenda tener éxito en la vida estará frecuentemente invitada a romper la esfera de los valores y, a su vez, una persona que pretenda vivir éticamente encontrará dificultades para alcanzar el éxito. No se puede exclusivizar la tara de la escuela en la transmisión aséptica de un conjunto de conocimientos. La tarea fundamental de las instituciones educativas es enseñar a pensar, preparar para el trabajo a través del desarrollo de competencias e inculcar valores que faciliten y mejoren la convivencia. Pero la escuela tiene competidores que hacen más complejo y difícil el desempeño de su tarea. Los medios de comunicación ofrecen una filosofía y presentan unos modelos por la vía de la seducción que se enfrentan a los que ofrece la escuela por la vía de la argumentación.
La escuela tiene que preparar para que los alumnos y alumnas entiendan la realidad, para actuar competentemente en ella y para ser personas éticamente desarrolladas. El autor ofrece algunas estrategias para conseguirlo, como la acción colegiada, la reflexión sistemática y la apertura al medio; asimismo plantea las condiciones necesarias para que sea posible conseguirlo. Condiciones que tienen que ver con la formación del profesorado, con la configuración y el tamaño de las plantillas, con la autonomía de los centros, con la flexibilidad de los tiempos y los espacios y con la abundancia y la adecuación de los medios.
Santos Guerra señala que la «pieza clave en la educación es el profesor». De hecho, el doctor en Ciencias de la Educación destaca que el modelo ideal de enseñanza es aquel en el que el docente es también investigador y al que «los gobernantes estimulan, ayudan y pagan» en sus proyectos frente al actual, en el que el investigador propone al gobernante las estrategias que luego éste traslada a los profesores.
El autor también reconoce la importancia de la actitud de los docentes en el proceso educativo de un niño: «Algunos van al colegio los lunes como si fueran al patíbulo». También recuerda la responsabilidad que tienen los profesores y afirma que tienen en sus manos «la cabeza y el corazón del futuro de la sociedad». En este sentido, destaca la importancia del profesor para hundir o salvar una vida y alerta de los riesgos de que los niños que no obtienen buenos resultados en el colegio se crean lo que sus docentes les repiten una y otra vez. «Es una profecía que se cumple porque el niño se lo cree», «No hay alumno que se resista a diez profesores que están de acuerdo».
Resulta esencial el papel de los padres, se da excesiva importancia a los resultados finales: «Cuando un padre ve que su hijo viene con las notas no le pregunta si se ha divertido aprendiendo o si ha ayudado a otros niños. No. Lo que pregunta es cuántas le han quedado».
Muchas son las preguntas que se hace todo el mundo, hoy en día acerca de la escuela, y es que siempre está de actualidad este tema. Preguntas como ¿está mejorando la escuela día a día ó se está destruyendo poco a poco?, ¿por qué hay tanto fracaso escolar?, y si es así ¿dónde está el error?, ¿cómo mejorarla?
Siempre se ha criticado a la escuela y casi siempre para mal, y será una tarea ardua el hacer una escuela buena para todos. Se intenta cambiar pero todo son problemas. Todo lo que está relacionado con la escuela está contaminado por conceptos políticos, ideológicos, culturales, etc.
Pero, ¿por qué queremos cambiar esta escuela que está vigente?, para los que estamos empezando en todo esto es evidente que esta escuela actual sigue siendo la de siempre, es decir, es una escuela típica, tradicional que necesita cambiar.
Mucha gente pensará que constantemente se está cambiando pero en realidad no es así; se hacen simples reformas, se han cambiado muy poco los contenidos, simplemente se han actualizado más que revisado y modificado.
Durante mucho tiempo hemos visto, que algunos profesores se acomodan, "sueltan el rollo", como se dice vulgarmente, y no quieren complicarse la vida innovando o tratando de ver nuevas formas o métodos de dar clase, es decir, están en un estado total de pasividad.
El profesorado tiene parte de culpa, es decir, puede ser que el profesorado tenga prisa por terminar el temario, darlo todo sin darle importancia al alumnado, que es lo principal para mí.
Parece impensable, pero en la actualidad existen profesores que sólo piensan en cobrar a final de mes, por lo que dan todo el temario, sin preocuparse en absoluto por sus alumnos, si lo han aprendido, si tienen problemas,...
Según Santos Guerra "si los profesores actúan en equipo, si dialogan, proyectan y trabajan como una comunidad, si están abiertos al aprendizaje,...disfrutarán de su profesión y se verán más motivados para perfeccionarlos".
El método debe cambiar. Estamos acostumbrados a ver en la escuela actual una lección magistral, en la mayoría de los casos, y el esquema de aprendizaje es el de exposición, escucha, memorización y repetición por parte del alumno, y el método debe atender prioritariamente a sus intereses y sus necesidades.
Actualmente ¿Quién lo hace de ese modo?, yo diría que nadie, y si los hay, serán una pequeña minoría.
Se debe de escuchar a los alumnos, que opinen, que critiquen; se apuesta por el debate, se debe de observar la realidad, que se respeten todas las opiniones.
Muchos docentes actuales le dan más valor a la cantidad de información que dan y no es así, lo importante es darla con sentido y significado.
"Los cambios en educación dependen de lo que los profesores hacen y piensan, algo tan simple y tan complejo a la vez".

Algunas contradicciones que se dan en la Escuela:

- Dejar en el patio un caracol para entrar en clase y estudiar en el libro uno dibujado.

- Guardar silencio para empezar la clase de lengua.

- Repetir lo que dice el profesor de forma literal, aunque la pretensión sea que haya alumnos creativos.

- Conseguir buenos demócratas en una institución jerarquizada.

- Enseñar a participar sin que puedan decidir en asuntos sustanciales.

- Pretender coeducar en una institución tradicionalmente androcéntrica.

- Educar en libertad en un lugar al que hay que acudir obligatoriamente.

- Pedir que el niño no se distraiga viendo volar una mariposa por la ventana y pretender que fije la atención sobre una dibujada en la pizarra.

- Dejar fuera la vida real para conseguir que la entiendan y la expliquen desde una situación artificial.

- Pretender educar a las personas en la solidaridad mientras se plantean de forma competitiva las actividades.

- Organizar trabajos en grupo, pero hacer una evaluación rabiosamente individualizada.

- Decir que cada uno tiene su ritmo, su estilo y su capacidad para aprender pero organizar de forma homogénea la clase.

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